Es la primera vez que doy este
testimonio, porque hasta hace una semana pensaba que éstos son regalos que Dios
nos da, pero muy pocas veces lo compartí, porque sentía que era el tesoro más
grande que guardaba en mi corazón.
Les quiero contar que el Señor me premió desde el día que nací, porque me dio un hogar donde sólo recibí cariño y amor. Crecí escuchando a diario las oraciones de mi madre al CORAZÓN DE JESÚS y a la VIRGEN MARÍA; ella tenía un altar en el que, cuando dejaba de rezar, yo me acercaba y veía que la Virgen me sonreía. Entones aprendí que cada vez que tenía que enfrentar cualquier situación, primero pasaba por el altar y si la Virgen me sonreía era porque todo iba a ir bien, y si no, pues me ponía muy triste.
Al frente de mi casa, mi padre cuidaba una pequeña
huerta en la que sembraba frutas y al centro había un árbol muy grande de
Nueces y, mientras que él trabajaba la tierra, yo me sentaba debajo del árbol y
escribía poemas de todo lo que me pasaba.
En mi pueblo, Huaral (40 minutos norte al norte de
Lima) se acostumbraba, que cuando uno acababa la secundaria inmediatamente se
venía uno a Lima a estudiar, y eso me pasó a mí; yo tenía 15 años y tuve que
dejar mi casa para estudiar; nunca nadie se enteró del dolor tan grande que
sentí al dejar mis muñecas, mis amigos y alejarme de mis queridos padres; les
confieso que hasta el día de hoy esa herida no se ha cerrado.
Entonces le pedí a Dios que me guiara y no me haga
sentir sola; estudié y trabajé, y el Señor guió mis pasos. Un día, después de
varias penas de amor, le pedí que me diera un esposo y que Él me guiara hacia
él, entonces ese mismo día una amiga me invitó a la ciudad de Ica (3 horas al
sur de Lima), y al primer lugar que me llevó esta amiga fue al SANTUARIO DEL SEÑOR DE LUREN. NUNCA OLVIDARÉ lo
que sentí, mi corazón se emocionó tanto que empecé a llorar; me impresionó
tanto la imagen del SEÑOR CRUCIFICADO que no
quería levantarme; cuando empecé a orar sentí que el Señor abría sus ojos y me
miraba con una mirada dulce, ese color de ojos y esa mirada que siempre yo
había visto en mis sueños; le pedí tantas cosas y, entre ellas le dije: “Señor, dame un hogar que me siento sola”, y esa
noche conocí al que hoy es mi esposo y que comparto con él una vida llena de felicidad;
le prometí casarme en su Iglesia con su bendición, y sólo como testigo su
mirada maravillosa… y así se cumplió; exactamente
al año me casé en ese lugar.
Pasaron seis años y me di cuenta que no podía tener
hijos… fue cuando decidí ir a un médico; me dijo que tenía que empezar un
tratamiento largo y muy costoso. Un día le dije al Señor: “Si Tú crees que debo ser madre, tócame, y si no… dame la
resignación y guíame para poder adoptar un niño que complete mi felicidad”.
Era un 31 de Agosto del año 1994 cuando regresé de
Ica a Lima; el 1 de septiembre al levantarme para ir a trabajar no pude
hacerlo, me sentí muy mal; mi esposo se preocupó y me llevó a todo médico que
se presentaba; el 20 de septiembre una amiga me dice: “Vamos
para que mi hermano te vea”, y acepté; el médico me revisó en 10 minutos
y me dijo: “Ya hija… sé lo que tienes”; mi
corazón dio un vuelco, pensé que era algo malo y me dijo: “Tienes cuatro semanas de embarazo”, salí del
consultorio, miré al cielo y me puse a llorar; no podía creer que el Señor me
amara tanto, tanto, y así fue… tuve una linda niña que estoy segura que ha
venido con una misión especial a este mundo.
Cuando mi hija nació, recuerdo las palabras de mi
médico: “LA CIENCIA NO SE EXPLICA COMO HAS PODIDO
TENER A ESTA NIÑA… ESTO SÓLO ES LA MANO DE DIOS. Cuando tu hija cumpla
un año debes someterte a una operación un poco riesgosa, ya no puedes pedir
más, porque tu útero está en malas condiciones… y así fue que tuve que
someterme a una operación más.
Cuando mi hija tenía un año y ocho meses, jugando
con ella me golpeó a la altura del vientre y me dio tanto dolor que acudí al
médico al otro día, y sólo con palpar descubrió que tenía un tumor muy grande
en el ovario izquierdo; me alarmó un poco porque me dijo: “Tenemos que hacer una operación tan rápida, que si por
mí fuera la haría mañana mismo”; hicimos todos los tramites… estaba con
mucho miedo, fue en ese momento en que el Señor envió a sus ángeles en mi
auxilio.
Un amigo del trabajo (Patrick) me vio llorando y me
preguntó por qué lloraba; le conté lo que me pasaba y me dijo: “Yo la voy a llevar a mi Grupo de Oración”. Y allí
fue que conocí al hno. José; nunca olvidaré
ese momento mezclado de angustia, y en una de las sesiones de oración le dijo a
mi esposo: “¿Quieres que ella se sane?”… él
dijo “Sí… claro que sí…” “Entonces se sanará”…y
así fue; al otro día, cuando estaba todo listo para la operación, el médico
revisó todos los exámenes que había ordenado previos a la operación y con voz
muy preocupada me dice: “Hija, no puedo operarte,
tienes que ir al INEM porque el examen de riesgo de cáncer ha salido muy
elevado”, entonces sentí que el mundo se acababa y le decía al Señor “¿Por qué me has dado tanto… y a ahora…qué voy a hacer?”,
no quiero morir… ; tuve que ser trasladada al Hospital de Enfermedades
Neoplásicas y la primera persona que se cruzó por mi camino, fue un hombre de
blanco; era un médico internista que me preguntó por qué estaba allí; le conté
y me dijo: “No llores hija, yo te voy a ayudar, no
te preocupes”; y de la mano me llevó a hacer todos los trámites y los
análisis hasta que me interné; él me visitaba todas las noches antes de irse y
en las mañanas al llegar; yo lloraba mucho y siempre encontraba consuelo en sus
palabras.
El día anterior a mi operación me dieron el
resultado de los análisis hechos en el hospital y el código del cáncer salió
muy elevado; el médico me dijo: “No te preocupes
que estás en las mejores manos”, Ese día me visitó el hno. José con un
grupo de hermanos y oramos mucho, a lo que se sumaron todas la que estábamos en
ese pabellón, que también iban a ser operadas. Éramos seis hospitalizadas y
entre ellas había una señorita Adventista que terminó rezando el Rosario.
Recuerdo mucho que estaba en la preparación, me
dieron agua horrible que no pasaba; el hno. José le hecho agua bendita y pude
tomarla; cuando me dejaron, mis amigos, entro mi médico, ángel, mi amigo, y me
dijo: “Mañana a las 6 am. Pero no temas… yo estaré
cerca de ti”- Le dije al doctor – “Cualquiera
que fuere el resultado quiero que usted me lo dé. No te preocupes pues –
me dijo – cuando despiertes yo estaré cerca de ti.”
Un 16 de diciembre me operaron, después de muchas
postergaciones, porque, no había doctor o no había sala. (Creo que Dios se toma
su tiempo) Mi operación duró como cinco horas, no recuerdo nada, sólo que la
enfermera no encontraba mi vena, y cuando desperté en una sala donde todos se
quejaban, pensé que todavía no me operaban; cuando abrí los ojos, mi doctor,
tomándome de la mano me dijo: “NO TE PREOCUPES,
TODO ESTÁ BIEN, TU TUMOR FUE BENIGNO, SÓLO FUE FUNCIONAL” - y me sonrió.
Yo empecé a llorar y sólo resonaba en mi mente esa canción que dice: “CÓMO NO CREER EN DIOS, SI ME HA DADO LOS HIJOS Y LA
VIDA…”, no sentí dolor, sólo sentí agradecimiento y entendí una vez más
que la MISERICORDIA DEL SEÑOR es infinita,
por eso, desde ese día, le prometí a mi Señor que esa oportunidad de vida que
me estaba dando se la iba a dedicar sólo a Él, a amarlo, a bendecirlo, a
ponerme en sus manos y a enseñar a mis hermanos que sólo Él es omnipresente y
omnipotente, y que la Madre María está cerca de mí, de mi hija y de mi familia,
y como si fuera poco, el Señor bendijo a todas las internas, pues a todas les
salió benigno antes de la operación.
“SI JESÚS, MARÍA Y MI ÁNGEL DE LA GUARDA
ESTÁN CONMIGO… ¡QUIÉN CONTRA MÍ!”
No sé si es muy largo lo que hay que leer, pero he
querido compartir con ustedes hermanos, este testimonio de amor, por el cual
fui bendecida, y mediante el cual quiero pedirles que no pierdan su fe, que a
pesar que las cosas parezcan contrarias, es la Mano de Dios que está sobe
nosotros y que siempre bendiga a mi guía espiritual, mi amigo, el hno. José. Los quiero mucho: Carmen Venegas.
Nota: Un día te dije, que tú eras mi
regalo - fue un día que celebramos mi cumpleaños en tu casa - bueno… uno de mis
regalos; no sé si me entendiste o no, pero cada sanación es un regalo para mí y
para el grupo. Quiero aclarar que las cinco personas que estaban en el mismo
pabellón con Carmen para ser operadas, salieron limpias al día siguiente, o sea
que el Señor las sanó a todas antes de ser operadas. Todas ellas, incluyendo a
una hermana evangelista, se unieron la tarde previa en la oración. La hermana
evangélica aceptó una estampa de la Virgen María, que se la ofreció una de las
hermanas del grupo, sin saber que ellos no aceptan a la Virgen como nosotros la
aceptamos… pero ella la acepto y también se sanó. Dios es para
todos…equivocados o no. Los caminos de conversión del Señor nadie los puede
entender… pero todo lo que Él quiere lo logra.
José Miguel Pajares Clausen
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