Niall es seminarista tras un enorme
proceso de conversión y sanación.
Niall Mcdonagh es ahora seminarista en Nueva York,
pero para llegar aquí vivió una conversión profunda unida al sufrimiento / Colm
Flynn
Niall
McDonagh
descubrió el amor de Dios en medio de un gran sufrimiento y ante la cantidad de
sucesos terribles que rodearon su vida y la de su familia logró hallar lo que
menos esperaba: paz. Esta sensación acabó
llevándole a una conversión profunda y más tarde a una llamada vocacional para
dejar todo y ser sacerdote.
Este
irlandés natural de Galway está en estos momentos en el seminario diocesano de
Nueva York, en Estados Unidos. Pero
para llegar aquí primero tuvo que pasar por una gravísima lesión como
futbolista que le hizo tener que dejar este deporte y a punto estuvo de
costarle la amputación de la pierna.
UNA
LISTA DE TRAGEDIAS FAMILIARES
Cuando
estaba aprendiendo a andar en plena rehabilitación llegó uno de los momentos
más duros de su vida: el
suicidio de su hermano mayor. Pero además en ese tiempo su padre murió
de cáncer y poco después su primo también se quitaba la vida.
Niall jugaba un partido de fútbol cuando sufrió la fractura múltiple que
casi le cuesta la amputación de la pierna.
En sendas
entrevistas en Irish Catholic y en The Irish Sun,
este joven irlandés se remonta a 2004 para rememorar el primer momento en el
que se encontró con Dios. Al igual que
San Ignacio de Loyola, fue en una cama de hospital donde este amante del fútbol
empezó a cambiar su vida de manera radical.
Tras la
fractura múltiple que se hizo durante un partido los médicos le advirtieron de
la posibilidad de amputarle la pierna. Tenía 20 años. “En ese momento yo estaba lleno de vanidad y era
esclavo de la apariencia por lo que esta
noticia fue como una puñalada en el corazón”, asegura.
"ESTABA
MUY LEJOS DE DIOS"
Sobre
aquella situación, Niall recuerda que “estaba muy lejos de Dios, hice muchas cosas de las que no estoy muy orgulloso, y
hay algunas cosas que lamento haber hecho”.
Nunca
imaginó que aquella dolorosa experiencia en el hospital podría afectar en su
vida como al final lo hizo. Ante el pavor de perder la pierna, antes de la primera de las cinco grandes
cirugías a la que tuvo que enfrentarse, este joven rezó a Dios.
EL
SUICIDIO DE SU HERMANO
“Estaba inmerso en la
desesperación cuando recé a Dios. Estaba desilusionado con la vida tal y
como era. Era muy infeliz, nada de los que hacía tenía un sentido o un
propósito. Estaba perdido”, relata.
Finalmente,
Niall pudo salvar la pierna y tras muchos meses de recuperación volver a andar.
Pero fue nueve meses después de su lesión cuando experimentó un sufrimiento
incluso mayor. Su hermano mayor, que
entonces sólo tenía 22 años, se suicidó.
Este
seminarista recuerda aquel instante como si fuera ayer: “Me llené de ira. En el
transcurso de un año tuve que aprender a caminar nuevamente y enterrar a mi
hermano mayor”.
UN
PROVIDENCIAL VIAJE A MEDJUGORJE
Desesperado
y en shock decidió acompañar a su madre
a una peregrinación a Medjugorje, y aunque dudó mucho en si debía ir, al
final quiso acompañarla pues ella también sufría al haber tenido que enterrar a
un hijo.
En esta
pequeña aldea bosnia asegura haber quedado admirado. Según explica, “eran genuinos e
incondicionales en su amor, simplemente no podía entenderlo. Me impresionó mucho la gente católica de allí y cómo
estaban viviendo sus vidas”.
En
Medjugorje conoció a un irlandés que estaba en la Comunidad del Cenáculo, lugar
en el que ayudan a jóvenes con adicciones. “Cuando
él hablaba hubo algo realmente conmovedor en mí. En retrospectiva, ahora sé que era el Espíritu Santo. Yo no podía
entender cómo este hombre tenía tanta alegría a pesar de vivir en las montañas
sin nada”, cuenta.
"PIDE
QUE DIOS VENGA A TU VIDA"
Niall se
acercó a este joven drogadicto en proceso de desintoxicación, y éste sólo le
dijo: “Pide a Dios que
venga a tu vida”. Esta frase se
convirtió en su oración durante ese tiempo.
De vuelta
a Irlanda empezó a sentirse diferente. “Mi naturaleza enfadada comenzó a cambiar
y mis relaciones con los demás mejoraron”, afirma este joven.
Fue
entonces cuando encontró la Biblia de
su hermano y empezó a hojearla. Niall asegura que “las páginas realmente empezaron a hablarme. Comencé a
comparar mi propia vida con los pasajes de la Biblia. A partir de entonces
busqué más mi fe”.
Tras
acabar sus estudios se trasladó a Edimburgo donde empezó a trabajar con niños
desfavorecidos, lo que fue una experiencia que le marcó profundamente. De
vuelta en Irlanda –agrega- “me di cuenta de que Dios estaba usando mis experiencias del pasado,
mi dolor e incluso mis errores para el bien y no sólo de mí mismo sino para
otras personas. Me había armado con todas estas herramientas que ni siquiera
sabía que tenía”.
UNA
EXPERIENCIA MISIONERA
El
siguiente paso en su vida fue realizar dos experiencias misioneras durante sus
vacaciones de verano. Junto a las Misioneras de la Caridad estuvo Río de
Janeiro y luego en Manila. Estando junto a los pobres Niall confiesa que el Evangelio “cobró
vida” para él y pudo ver su fe puesta en práctica.
“Cuando volví de la experiencia misionera era como si viese todo con una lente completamente nueva,
como si un velo hubiera sido quitado de mis ojos”, asegura.
LA
POBREZA ESPIRITUAL DE OCCIDENTE
Rezando
sobre qué hacer con su vida, este joven discernió que debía ir a Nueva York
nuevamente con las Misioneras de la Caridad. Sobre esta ciudad afirma que “sólo allí me di
cuenta que la mayor pobreza no es la material, sino la espiritual. Nueva
York en la superficie tiene materialmente muchas cosas, pero carece de otras
muchas. Amo la energía de Nueva York, pero cuando ves las personas viviendo sus
vidas persiguiendo el sueño americano donde el tiempo es dinero y no tienen
nada de ese tiempo para sus familias o su fe es todo una locura”.
De vuelta
a Irlanda vio que Dios le llamaba a más así que decidió vender todo lo que
tenía y regresar a Nueva York. Allí
siguió con su compromiso misionero y provida, y entonces sintió que el
Señor quería todavía más de él. “Me pedía que fuera
a un nivel más profundo y explorara la posibilidad de ingresar en el seminario.
Y finalmente en 2015 dio el paso de abrir esa puerta en su vida. No se ha
arrepentido de ello.
“Es fácil tener fe cuando el sol brilla y todo va bien, pero sólo cuando
llegan las tormentas de la vida es cuando realmente se prueba tu fe. Probar tu fe te lleva a un nivel más
profundo donde de otra manera nunca hubieras estado. A veces, cuando tienes
menos prosperidad tienes más fe”,
concluye.
Javier Lozano / ReL
No hay comentarios.:
Publicar un comentario