1.- LAS TRES AMBICIONES DE LA FENOMENOLOGÍA.— Ni las cosas suceden en vano,
ni una crisis sucede porque sí. Porque la Babel contemporánea no se construyó
en un día.
Decía Don Eugenio D´Ors, en El secreto de la Filosofía, que «la ambición de Husserl era triple».
La sintetizo:
1ª, encontrar
fenómenos puros de conciencia, a salvo de los malvados conceptos.
2ª, liberar esos
fenómenos de conciencia de las interferencias del entendimiento, y experimentar
su inobjetividad.
y 3ª, comprender
esos fenómenos de conciencia a partir del encuentro, la liberación, la
experimentación previamente realizada.
Para ello, en conclusión, era
preciso poner entre paréntesis los saberes heredados, y situarse ante el
hecho de la conciencia sin conocimientos previos,
esto es, sin tradición.
2.- ESTOS TRES ANHELOS FENOMENOLÓGICOS
no cayeron
en saco roto. La escuela personalista no dudó en satisfacerlos y expandirlos, sembrándolos en la tierra
tradicional del catolicismo.
El choque de conceptos, al
principio, no pasó desapercibido. Pero en poco tiempo embelesaron inteligencias
y ganaron adeptos. La tradición, en general, la pequeña y la grande, fue puesta
entre paréntesis, como demandaba el nuevo método (aunque no explícitamente
negada, sino en suspensión teleológica,
como diría Kierkegaard: fue puesta al servicio de la nueva praxis tripartita, y
así nació la pastoral posmoderna).
3.- QUE TUVO, Y
TIENE, TAMBIÉN SU TRÍPODE: de la ambición primera
surgió la concepción fenomenológica de la fe, que ya no consiste en creer, sino
en encontrar, experimentar, confiar, sentir, etc. El deseo de fenómenos puros
de experiencias espirituales sin conceptos
suscitó una insana atracción por las técnicas deconstructivas orientales, y el
zen y el yoga se volvieron virales.
4.- LA
AMBICIÓN SEGUNDA consistió en desprestigiar la escolástica, la síntesis aristotélico
tomista y todo cuanto significara primacía del entendimiento. La fe católica se
hundió en el misteriosismo, que obnubilaba los dogmas e introducía
disonancias entre la fe y la razón. Todo en el cristianismo pasaba a ser
misterioso, incognoscible e incomunicable. Y el pensamiento clásico, la
metafísica, Santo Tomás, el derecho natural y la doctrina de la
transubstanciación, se volvieron un problema.
5.- LA TERCERA AMBICIÓN supuso la entrada del
constructivismo en la pedagogía de la Iglesia, y sus nuevos conceptos.
Un
nuevo concepto de tradición, que ya admitía cierta creatividad bajo apariencia de fidelidad.
Un
nuevo concepto de escuela, ya no católica, sino vagamente inspirada en vagos valores de un vago
humanismo vagamente cristiano.
Un
nuevo concepto de obediencia, que ya aceptaba cambios
doctrinales a golpe de inmanencia.
Un
nuevo concepto de ley moral, que ya dejaba de ser participación de la ley eterna, para volverse una
mera norma administrativa.
La autoridad dejó de
vincularse a la entrega, a la traditio fiel, para configurarse a la
ideación, al ensayismo, a la revolución, a la potencia absoluta, a la potestad
personal del que manda.
EN CONSECUENCIA, de la triple ambición fenomenológica, que el personalismo introdujo en
la pastoral de la Iglesia, nos quedan tres frentes de crisis que
confrontar: el subjetivismo experiencialista, que
ha deformado el sentido de la fe; los prejuicios contra la doctrina, la razón
práctica, la metafísica y el derecho; y una concepción nominalista de la
autoridad, que entiende que es la potestad del que manda un poder omnipotente
que está por encima de la verdad.
Nos queda mucho que hacer.
Pero sabemos qué somos y cuál es nuestra tarea: Iluminar
las tinieblas hodiernas con la luz de la doctrina católica tradicional.
David Glez.
Alonso Gracián
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