«Tened un mismo pensar y un mismo sentir» (1Cor 1,10).
“Basta, pues, de silencio; prolongarlo sería
un crimen. Tiempo es de arrancar
la máscara a esos hombres y de mostrarlos a la Iglesia entera tales cuales son
en realidad.” (S.Pío X, Pascendi)
Hace unos años, publicamos un post con título semejante, en forma
interrogativa, pero ya es tan evidente la respuesta, que hay que afirmarlo
categóricamente.
El mes pasado publicábamos una
suerte de crónica fotográfica de la payasesca y blasfema celebración que el obispo auxiliar de Merlo-Moreno,
Oscar Miñarro, realizó en el marco de la JMJ en Panamá, en la playa.
Como era de esperar, el
escándalo para muchos católicos fue mayúsculo, pero para otros más “abiertos", el escándalo reside precisamente
en que todavía haya católicos que se escandalicen…¡qué
cerrados, atrasados, fundamentalistas y “tristes” son esos católicos
negativos! Tanto se han abierto, que se les enfrió el cerebro…y ni
hablar de la fe.
En medio de ese panorama,
quienes profesamos la fe de la Iglesia fundada por Cristo, la manifestamos
explícitamente en el Credo, que en uno de sus artículos sostiene Creo en la Iglesia, que es Una, Santa,
Católica y Apostólica. Una. Y el Catecismo de la Iglesia Católica se
refiere a esta nota de Unidad a
partir del n. 811, hasta el n. 822:
813 La Iglesia es una debido a su origen: “El modelo y
principio supremo de este misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en
el Espíritu Santo, en la Trinidad de personas” (UR 2). La Iglesia es una debido a su Fundador: “Pues el mismo Hijo encarnado […] por su cruz reconcilió
a todos los hombres con Dios […] restituyendo la unidad de todos en un solo
pueblo y en un solo cuerpo” (GS 78, 3). La Iglesia es una debido a su “alma”: “El Espíritu Santo que habita en los
creyentes y llena y gobierna a toda la Iglesia, realiza esa admirable comunión
de fieles y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el Principio de la
unidad de la Iglesia” (UR 2). Por tanto, pertenece a la esencia misma de la Iglesia ser una (…)
Por supuesto, unidad no
significa uniformidad al modo de un bloque asfixiante de la múltiple y legítima
variedad de miembros y dones:
814 Desde el
principio, esta Iglesia una se presenta, no obstante, con una gran diversidad que
procede a la vez de la variedad de los dones de Dios y de la multiplicidad de
las personas que los reciben. En la unidad del Pueblo de Dios se reúnen los
diferentes pueblos y culturas. Entre los miembros de la Iglesia existe una
diversidad de dones, cargos, condiciones y modos de vida; “dentro de la comunión eclesial, existen legítimamente
las Iglesias particulares con sus propias tradiciones” (LG 13). La gran riqueza de esta diversidad no se opone a la unidad de la Iglesia.
Sin embargo es preciso tomar
conciencia también de la advertencia acerca de la posibilidad de quiebre, y no
negarla necia y sistemáticamente, pretendiendo tapar el sol con un dedo.
PROSIGUE EN EL MISMO
PÁRRAFO:
No obstante, el pecado y el peso de sus consecuencias amenazan sin cesar
el don de la unidad. También el apóstol debe exhortar
a “guardar la unidad del Espíritu con el vínculo de
la paz” (Ef 4, 3).
815 ¿Cuáles son
estos vínculos de la unidad? “Por encima de todo
esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección” (Col
3, 14). Pero la unidad de la Iglesia
peregrina está asegurada por vínculos visibles de comunión:
— la profesión
de una misma fe recibida de los
Apóstoles;
— la celebración común del culto divino,
sobre todo de los sacramentos;
— la sucesión apostólica por el sacramento del
orden, que conserva la concordia fraterna de la familia de Dios (cf UR 2; LG 14; CIC, can. 205). (…)
Podrá, pues, parecer obvio,
pero hay que aclarar entonces que si no
se comparte una misma fe, no podemos permanecer en la unidad, y si esto no se
aborda frontalmente, se enseña y obliga a los fieles a vivir en la mentira y la
hipocresía.
Esto, que se dice fácilmente,
es lo que a miles de católicos, jóvenes y adultos, les resulta un tremendo
motivo de escándalo cuando se topan por todas partes con sacerdotes y obispos que no predican, no
enseñan, no sostienen, sencillamente porque hace rato que no profesan la fe de
la Iglesia. Es lógico que entonces no se refieran jamás a los
Novísimos, y toda su prédica se reduzca a moralina ecologista; que relativicen
la verdad de los Evangelios; que se burlen de los dogmas como lo hacen algunos
notorios jesuitas -empezando por el p. Sosa-; y en última instancia, trabajen dentro de la Iglesia para instaurar “una nueva iglesia” que no tiene nada que ver con
Aquella que los acoge, y cuyos cimientos tratan de socavar. Están aquí,
claro, pero “no son de los nuestros” (1
Jn.2,19), teniendo en claro que “es necesario que
entre vosotros haya bandos, a fin de que se manifiesten entre vosotros los que
son aprobados” (1 Cor.11, 19).
LAS HERIDAS DE LA UNIDAD
817 De hecho, “en esta una y única Iglesia de Dios, aparecieron ya
desde los primeros tiempos algunas
escisiones que el apóstol reprueba severamente como condenables; y en siglos
posteriores surgieron disensiones más amplias y comunidades no pequeñas
se separaron de la comunión plena con la Iglesia (…). Tales rupturas que
lesionan la unidad del Cuerpo de Cristo (se distingue la herejía, la apostasía y el cisma [cf CIC can. 751]) no se
producen sin el pecado de los hombres (…).
Es cada día más urgente que en
vez de gastar tiempo y declaraciones buscando el rejunte (que no es unidad) con
las demás religiones, quienes están obligados a ello se dirijan hacia la unidad
interna de la Iglesia, que como fieles, percibimos innegablemente que a muchos
de nuestros pastores no les mueve un solo pelo.
Y ante ese silencio, los apóstatas y herejes levantan su voz
señalando a los fieles como cismáticos, tal vez porque éstos –los fieles, pero
pusilánimes- no se atrevieron a su debido tiempo a señalar la herejía y
apostasía de manera más contundente. ¿Cuánto
hace que se viene enseñando en los seminarios teológicos y catequísticos que se
trata de términos anacrónicos, y que es una antigüedad hablar de herejía o de
apostasía? Y de aquellas aguas, estos lodos.
La herejía existe, y hiere la unidad de la Iglesia. Y los que la hieren
no son quienes señalan esta evidencia, sino quienes no profesan la Fe revelada
por Nuestro Señor, sino los que no soportando la sana
doctrina, “acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y
apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a las fábulas.“(2 Tim.4, 3). Tal como ha señalado el p. Iraburu
hace unos días, este tipo de cristianos “da más
valor a palabras de hombres que a la Palabra de Dios. Está ciego y sordo. Las
teorías o hipótesis más descabelladas lo llenan de admiración porque el mundo,
contrario al Reino, las rodea de prestigio“.
Y entre sus principios –generalmente protestantes, cuando no sincretistas,
budistas o francamente paganos- y los principios católicos hay un abismo.
Pero siguen ocupando cargos en esta Iglesia, y enseñando, y gobernando, y
de paso, estigmatizando a los que pretenden poner luz y seguir siendo fieles a
la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica. Es tan evidente, tan grosera ya
la diferencia entre unos y otros, que por esto el p. Iraburu sostiene que “Ningún católico tiene derecho a estar confuso”.
No se puede confundir un burro con un conejo sólo porque ambos tienen
orejas largas…"¡pero vaya que es densa la
neblina por momentos!", susurran algunos.
Por si cupiese alguna duda del
abismo entre unos y otros, son
elocuentes estas dos actitudes episcopales, diametralmente opuestas,
coexistente en la misma patria y provincia geográfica, ante la “Misa playera” de Miñarro.
Por una parte, la “disculpa y justificación” que realiza Mons.
Maletti apelando a argumentos que francamente agravian la inteligencia de sus
lectores:
Fernando Carlos Maletti, Obispo de Merlo-Moreno
Merlo-Moreno, 6 de febrero de 2019.
Merlo-Moreno, 6 de febrero de 2019.
Muy queridos sacerdotes de la
Iglesia Particular de Merlo-Moreno:
Es mi deseo compartir con ustedes lo que muchos ya conocen acerca de la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá y la especial participación del Obispo Oscar en su carácter de Referente de la CEA para la Pastoral de Juventud. Significó para toda la Iglesia Universal un toque de gracia y un fortalecimiento del Espíritu para los jóvenes de todas las edades, de todos los estilos, de las diferentes culturas y del enorme arco social al que pertenecen. Es abundante la documentación que podemos encontrar y que, a través de la pastoral de comunicación diocesana, fue enviada oportunamente. El tema al que nos referimos lo queremos enmarcar (sin dejar de lado la responsabilidad que nos toca a los Obispos en nuestra misión de cuidar la fe del Pueblo de Dios), en lo que el Papa Francisco enseña: ‘prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG
49) Hoy por hoy se busca cualquier cosa con tal de ensombrecer la figura y el magisterio del Papa Francisco.
Es mi deseo compartir con ustedes lo que muchos ya conocen acerca de la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá y la especial participación del Obispo Oscar en su carácter de Referente de la CEA para la Pastoral de Juventud. Significó para toda la Iglesia Universal un toque de gracia y un fortalecimiento del Espíritu para los jóvenes de todas las edades, de todos los estilos, de las diferentes culturas y del enorme arco social al que pertenecen. Es abundante la documentación que podemos encontrar y que, a través de la pastoral de comunicación diocesana, fue enviada oportunamente. El tema al que nos referimos lo queremos enmarcar (sin dejar de lado la responsabilidad que nos toca a los Obispos en nuestra misión de cuidar la fe del Pueblo de Dios), en lo que el Papa Francisco enseña: ‘prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG
49) Hoy por hoy se busca cualquier cosa con tal de ensombrecer la figura y el magisterio del Papa Francisco.
En concreto, las fotos que se publicaron en el contexto de la finalización de la Jornada Mundial de los Jóvenes, corresponden a un día de descanso de la coordinación nacional (nueve personas), en el que se celebró una Misa de acción de gracias junto al mar, que mostraba la alegría del equipo por lo vivido. Entendemos la perplejidad de algunos en referencia al “modo” en que fue ejecutada la liturgia en cuanto a la precariedad de elementos propios. Este tema ya está siendo comunicado y aclarado ante las autoridades eclesiales que corresponde, solicitando las disculpas por lo que pareciera una imprudencia. Todo esto para nada opaca el alto servicio y la fidelidad comprometida de nuestro Obispo Auxiliar en el territorio y entre la gente de nuestra Diócesis. Muchas veces debemos animarnos a corregir lo que pueda confundir a los fieles y el sentir con la Iglesia. Los saludo exhortándoles a que nos cuidemos entre todos en orden a ser un rostro de Iglesia soñada por nuestro Sumo Pontífice y sus antecesores. Con mi bendición de Padre, y la de mi Hermano Obispo Oscar, con quien he compartido estas letras.
Fernando C.
Maletti
Obispo de Merlo-Moreno
Obispo de Merlo-Moreno
El tono de la disculpa no
puede dejar de recordarnos el tenor de los elogios a la “labor pastoral” (sic) que se dieron en la homilía de “despedida” a Fernando Bargalló,
tras el escándalo de su
foto en el mar con una “amiga de
la infancia"…
Por otro lado, tenemos la reprobación categórica de Mons. Aguer,
obispo emérito de La Plata, respondiendo a todas las ridículas excusas
esgrimidas para justificar el “show” de
marras:
Ahora bien, dice el clásico
adagio del s.V "lex orandi, lex
credendi", lo que significa que “la ley de la oración es la ley de lo que se
cree". Benedicto
XVI señalaba al respecto que “La correspondencia
entre la oración de la Iglesia (Lex Orandi) y la “Regula Fidei” (Lex Credendi)
plasma el pensamiento y los
sentimientos de la comunidad cristiana, dando forma a la Iglesia, cuerpo
de Cristo y templo del Espíritu.”(8/9/2010)
Por lo tanto, cuando
advertimos que los herejes modernistas se empeñan tan denodadamente en corromper
la liturgia, haciendo de ella un campo de permanente inestabilidad e
innovación, es porque tienen muy presente aquel adagio.
NO LES INTERESA “RENOVAR LA LITURGIA”, SINO CAMBIAR
LA FE.
Tengamos en cuenta
lo que S.Pío X señala sobre la táctica de los modernistas,
“…táctica,
a la verdad, la más insidiosa, consiste en no exponer jamás sus doctrinas de un modo metódico y en su conjunto, sino
dándolas en cierto modo por fragmentos y esparcidas acá y allá, lo cual
contribuye a que se les juzgue fluctuantes e indecisos en sus ideas, cuando en
realidad éstas son perfectamente fijas y consistentes..” (Pascendi. n.3)
Es el propósito evidente de
personajes como el sacerdote “rockero” Carlos
Paravizzini, vicario de la diócesis de S. Miguel, que durante
años ha servido a la confusión desde la parroquia S.Francisco Solano, y que
hace unos pocos días, en un retiro para
casi un centenar de fieles entre
los que había una gran cantidad de catequistas -con el efecto
multiplicador que esto implica-, no
escatimó palabras para repudiar la que él llamaba la “antigua
Iglesia”.
En esta oportunidad renegó repetida y especialmente de la “insistencia”
en la Cruz como opuesta a una “iglesia
alegre", despreocupada de la eternidad. ¿Acaso no es de la Cruz de donde mana como de fuente
inagotable la copiosa cantidad de gracias que regocijan el corazón de un hijo
de la Iglesia?
Fueron indignantes las reiteradas burlas
al Santo Cura de Ars por su
penitencia, oponiéndolo dialécticamente al Sto. Cura Brochero -sin mencionar
que éste murió leproso y ciego por su caridad-, elogiando de este último su “picardía” para hacer negocios…
Habiendo basado casi exclusivamente el retiro en “meditaciones” sobre Amoris Laetitia, fue
también insistente e incisivo en la lamentable “obsesión”
que según él existe en la “Iglesia de antes”
sobre el sexto mandamiento. Causa estupor el imaginar lo que este
personaje podrá dar en el confesionario sobre todo a la juventud tan
bombardeada…
¿Hay que decir el daño impresionante que estas
“experiencias” causan en lo más profundo de los corazones fieles, que no van a
un retiro de cuatro días para vacacionar sino para fortalecer su fe, y en vez
de un pastor se encuentran acorralados en una cueva de lobos?
Por imperiosa exigencia de
caridad con ellos, no debemos dejar de anunciar y denunciar.
Porque si claman al cielo los abusos sexuales, es porque anteriormente se han
dejado pasar irresponsablemente los abusos pertinaces contra la fe.
En alguna otra charla, el
Paravizzini llegó a negar incluso que Nuestro Señor se hubiese referido alguna
vez al Infierno, y cuando alguien le refirió el suceso de la “misa playera” renegó fuertemente contra Mons.
Aguer, porque “se había puesto contra un hermano en
el episcopado”.
Claro que duele la división,
pero es preciso mirarla de frente, como una herida para poder cauterizarla. No
se puede tomar el blanco y el negro o el sí y el no como equivalentes, porque
además de mentir y confundir, se está
tomando a los fieles por tontos, o sugiriendo que pueden elegir como si todo
fuese susceptible de la más libre interpretación personal. Y no. Porque no da lo mismo. Porque no es idéntica
la verdad y la mentira, ni la fidelidad y la traición. Y hay sacerdotes y
obispos que no pertenecen a la misma Iglesia de Cristo, pues abominan de ella,
la repudian, mostrando una fe a la
carta que huele más a secta que a Fe divina y revelada.
Pero esto hay que decirlo, hay
que insistir en ello, advirtiendo sobre todo a los más pequeños e inadvertidos,
porque si callamos…gritarán las piedras, y su coro será ensordecedor.
Claro que la Iglesia es Una y
es indefectible -aunque permanezca en un Pequeño Rebaño-, pero dentro de la Iglesia hay herejes y apóstatas,
que trabajan sin descanso para resquebrajar definitivamente esa unidad, en pos
de la “unidad de las religiones” dando la
espalda a Cristo Rey del Universo.
No hay que confundirse: como
sus hermanos, Judas tuvo la inmensa gracia de estar el Jueves Santo, pero no
celebró la Pascua con los demás…
¿Y su estirpe? No son católicos, aunque
incluso pretendan tener sus propios santos, como Angelleli el montonero.
Pidamos por
sus almas, pero que no nos
confundan.
La Iglesia no les pertenece a ellos, sino a Cristo.
Mª Virginia
Olivera
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