Jesús, por ser salvador, es Dios, ya que sólo Dios,
por su perfección puede salvar. Cristo salva como Dios con su naturaleza humana
y hace partícipes a los hombres de su salvación gracias a su naturaleza humana.
Los
evangelistas escriben desde su fe en que Jesús es Hijo de Dios. Así lo afirma
Marcos al principio de su Evangelio, y San Juan al final del suyo.
La
expresión Hijo de Dios no siempre supone divinidad, según el uso de esta
expresión entre los judíos. Pero el Profesor de la Universidad Gregoriana de
Roma, José Caba, S.I., demuestra, en uno de sus libros, cómo en algunos pasajes
de los Evangelios se expresa claramente la divinidad de Cristo (336).
JESUCRISTO SE PRESENTA
COMO DIOS. NINGÚN OTRO FUNDADOR DE RELIGIONES HA TENIDO TAL OSADÍA.
Mahoma,
Buda, Confucio, Lao-Tse, Zarathustra o Zoroastro (337) presentaron una religión
más o menos moralizante, pero ninguno de ellos pretendió ser Dios (338).
JESUCRISTO DIJO QUE ÉL
ERA DIOS.
Repetidas
veces se presentaba a sí mismo como Dios: «Yo no
soy de este mundo» (339); «Yo existía antes
que el mundo existiese» (340); «Quien me ve
a Mí, ve al Padre» (341); «El Padre y Yo
somos una misma cosa» (342). Es como decir: los
dos somos de la misma naturaleza. Yo soy Dios como el Padre.
LOS TEXTOS EN QUE JESUCRISTO
MUESTRA SU INFERIORIDAD RESPECTO AL PADRE, SON SIEMPRE REFIRIÉNDOSE A SU
NATURALEZA HUMANA.
Como
Cristo tenía dos naturalezas, de Dios y de hombre, los textos del Evangelio
unas veces se refieren a Jesucristo como Dios, y otras a Jesucristo como
hombre. Que Jesucristo fue verdadero hombre es clarísimo: pasaba hambre y por eso se acercaba a la higuera a ver si
tenía higos; pasaba sed y le pedía a la samaritana que le diera agua del pozo;
se cansaba y se quedaba dormido en la barca, etc. etc.
Jesucristo
se llamaba a sí mismo El Hijo del Hombre. Así aparece ochenta y dos veces en
los Evangelios; y siempre en boca de Jesús. Es una alusión al nombre que el
profeta Daniel daba al Mesías.
Pero
Jesucristo también tenía naturaleza divina como se deduce de multitud de
textos. Repetidas veces se llama Hijo de Dios.
Pero esta
filiación divina de Jesucristo es de distinta manera que la del resto de los
hombres. Por eso hace esta distinción: «Mi Padre y
vuestro Padre» (343). Mientras los hombres somos hijos adoptivos,
Jesucristo es Hijo natural, es decir, de la misma naturaleza del Padre: tiene la misma naturaleza divina.
Los hijos
siempre tienen la misma naturaleza que sus padres: el hijo de un pez es pez, el
hijo de un pájaro es pájaro, el hijo de un hombre es hombre, el hijo de Dios es
Dios.
Nosotros
somos hijos por adopción (344). Jesucristo lo es por generación. Por eso se
llama «Hijo Unigénito» (345). Dice San Pablo
que Cristo «siendo de naturaleza divina no alardeó
de su dignidad, sino que prescindiendo de su categoría de Dios, tomó naturaleza
de hombre» (346). Y añade San Pablo que Jesucristo «no consideró usurpación el ser igual a Dios» (347),
pues ya lo era por naturaleza.
Por eso,
al hacerse también semejante a los hombres, «se anonadó a sí mismo», es decir,
se rebajó al asumir la naturaleza de hombre siendo Dios como era.
32,12. El
Apóstol Santo Tomás llamó a Jesús: «Señor mío y
Dios mío» (348). Jesús no le hizo rectificar como si aquello fuera una
exageración.
El
Concilio II de Constantinopla declara autorizadamente que Cristo ha sido
llamado Dios en este pasaje.
San Pablo
afirma repetidas veces que Cristo es Dios: dice que es «de
condición divina» (349); que «en él reside
toda la plenitud de la divinidad» (350); le llama «Dios bendito» (351) y «gran
Dios» (352). San Pablo transmite la creencia de la primera comunidad
cristiana. De lo contrario los otros Apóstoles hubieran protestado. Por el
contrario, todos decían lo mismo.
San Pedro
lo llama Dios antes de recibir las llaves del Reino de los Cielos (353) y al
principio de su Segunda Carta llama a Jesús, Dios y Salvador.
San Juan
dice que Cristo es «Hijo Único de Dios» (354),
«verdadero Dios» (355).
San Pablo
afirmaba: «Tanto ellos como yo, esto es lo que
predicamos» (356).
Si los
Apóstoles no hubieran creído que Cristo es Dios no hubieran dado la vida por
él, pues nadie da la vida por lo que sabe que es mentira.
Los
Testigos de Jehová niegan la divinidad de Cristo, y para ello han hecho una
traducción de la Biblia que llaman del Nuevo Mundo, donde introducen palabras
que no están en el texto original y que cambian el sentido de las frases en que
se habla de la divinidad de Cristo. Esta introducción de palabras que cambian
el sentido del texto original es un auténtico fraude. Esta Biblia de los
Testigos de Jehová es una Biblia falsaria (ver n 6, 9).
32,13.
Los judíos entendieron que Jesús se tenía por Dios, por eso querían quitarle la
vida, por hacerse igual a Dios. «Te apedreamos por
blasfemo, porque siendo hombre te haces Dios» (357). «Debe morir porque se hace Hijo de Dios» (358).
El pueblo
judío era monoteísta y no concebía otro Dios que Yahvé. Cristo afirmaba
claramente su divinidad. Por eso le llamaban blasfemo. También a Caifás le sonó
a blasfemia la respuesta de Jesús en el Sanedrín afirmando que él era Hijo de
Dios. Y por blasfemo lo condenaron a muerte. Si Cristo se hubiera llamado Hijo
de Dios del mismo modo que Dios era Padre del resto de los hombres, aquello no
tendría por qué haber sonado a blasfemia. Pero Cristo se identificaba con el
Padre, pues tenía su misma naturaleza de Dios.
Todos los
textos que los Testigos de Jehová citan para quitar a los católicos la fe en
Cristo-Dios, se refieren a Cristo-Hombre. Ignorar los textos en que se afirma
la divinidad de Cristo es no conocer la Biblia; o querer engañar, que es peor.
Los
Testigos de Jehová no tienen derecho a llamarse cristianos, pues no creen que
Cristo sea Dios. Por eso son excluidos del Consejo Mundial de las Iglesias
Cristianas (359).
Dice San
Juan: «Todo el que niega al Hijo tampoco posee al
Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre» (360). Jesús
estaba convencido de ser Hijo de Dios en un sentido especial, único. Jesucristo
llama a Dios su Padre de un modo familiar.
UTILIZABA LA PALABRA
«ABBÁ» QUE EQUIVALE A «PAPÁ».
El
investigador alemán Joaquín Jeremías en su opúsculo «La oración del Señor» y en
su libro «El mensaje esencial del Nuevo Testamento»
da mucha importancia al término «abbá». Dice que «hasta hoy nadie ha podido aducir un solo caso dentro del judaísmo
palestinense en que Dios sea invocado como “mi padre” por un individuo. Para la
mentalidad judía hubiera sonado a irreverencia. Lo que hacía inimaginable el
llamar a Dios con ese término coloquial. Es algo nuevo, excepcional, de lo que
nunca se había tenido siquiera una sospecha. Nos hallamos frente a algo nuevo e
inaudito, que rompe los moldes del judaísmo» (361).
Cristo es
Hijo de Dios en un sentido real. No figurado: hombre santo, pero no de
naturaleza divina. Por eso escribe San Agustín: «A
quienes dicen que Jesucristo es Hijo de Dios en cuanto que es un hombre tan
santo que merece ser llamado Hijo de Dios, a estos tales los expulsa de nuestra
comunidad la institución católica» (362).
Algunos
quieren rebajar la divinidad de Cristo. Para ellos Jesús sería un hombre
divinizado en el sentido afectivo, no efectivo. Por eso en lugar de hablar de
la divinidad de Cristo, prefieren hablar de la presencia de la divinidad en
Cristo. Como si Cristo no fuera verdadero Dios, sino tan sólo un hombre en el
que Dios resplandeció de modo excepcional. Pero si leemos el Evangelio sin
prejuicios como dice Greeley, está claro que Cristo se siente unido al Padre de
un modo excepcional y único: «Quien me ve a Mí ve
al Padre» (363), pone San Juan en boca de Jesús.
Es más,
Jesús se siente con autoridad para cambiar el Antiguo Testamento. Los Profetas
de la Antigüedad apoyaban sus palabras en al autoridad de Dios. Decían: Así habla el Señor. Jesús habla en nombre propio, y se
atreve a corregir la ley mosaica, por considerarse superior a ella.
Habla por
derecho propio. «Se dijo a los antiguos, pero Yo os
digo» (364).
Jesús
habló con la suficiente claridad para que pudiéramos descubrir su divinidad,
pero de un modo velado para no escandalizar a aquel pueblo, esencialmente
monoteísta, que no podía aceptar a otro Dios que a Yahvé.
Por eso Jesús
descubrió su divinidad paulatinamente. Afirmarla de golpe hubiera provocado
escándalo.
Sólo al
final de su vida desvela el misterio de su personalidad divina. Jesús respondió
a Caifás que le preguntaba por su divinidad: Tú lo has dicho, que es un modo de
hablar, que significa: «Así es como tú dices» (365).
Para ser cristiano es necesario creer que Jesucristo es el Hijo de Dios. Para
ser cristiano es necesario creer que Jesucristo es el Hijo de Dios. Estos
textos han sido reproducido, con permiso del autor, del libro “Para Salvarte” de Jorge Loring, S.J.
(301) – JUAN LEAL, S.I.: Sinopsis de los cuatro Evangelios, 1ª, VII, 1.
Ed. BAC. Madrid.
(302) – VITTORIO MESSORI: Hipótesis sobre Jesús, IV, 11. Ed. Mensajero.
Bilbao, 1978
(303) – BRUGGEBOES: Jesucristo, introducción práctica al Evangelio, V.
Ed. Verbo Divino. Estella
(304) – Primera Carta de SAN JUAN, 1:1-3
(305) – Evangelio de SAN LUCAS, 1:1s
(306) – DAVID FLUSSER: Jesús en sus palabras y en su tiempo. Ed.
Cristiandad. Madrid, 1975
(307) – GEZA VERMES: Jesús el judío. Ed. Muchnik. Barcelona,
1980
(308) – ERNST KÄSEMANN: Essays on the New
Testament. London, 1954
(309) – G. BORNKANMM: Gesú di Nazareth. Ed. Claudiana. Torino, 1977
(310) – Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre
la Divina Revelación, nº 19
(311) – SAN IRENEO: Adversus Haereses, III, 11, 8
(312) – Evangelio de SAN LUCAS, 1:3
(313) – PARENTE: De Dios al hombre, VIII, 2. Ed. Atenas. Madrid
(314) – JOSÉ M. CIURANA: La verdad del cristianismo, III, A, a1, c11,
2º. Ed. Bosch. Barcelona
(315) – JUAN MANUEL IGARTUA, S.I.: Los Evangelios ante la Historia, II,
3, a. Ed. Acervo. Barcelona.
(316) – JOSÉ Mª. CIURANA:En busca de las verdades fundamentales, III, A,
b. Ed Bosch. Barcelona.
(317) – JOSÉ ANTONIO DE SOBRINO, S.I.: Así fue Jesús, IV, 2. Ed. BAC.
Madrid, 1984
(318) – Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre
la Divina Revelación, nº11
(319) – SAN PABLO: Segunda Carta a Timoteo, 3:16
(320) – JORGE AUZOU: La tradición bíblica, XII, 1. Ed. FAX. Madrid
(321) – JUAN LEAL, S.I.: Sinopsis de los cuatro Evangelios, 1ª, I, 2.
Ed. BAC. Madrid
(322) – Evangelio de SAN LUCAS, 1:3
(323) – Evangelio de SAN JUAN, 3:11; Primera Carta, 1:1
(324) – Evangelio de SAN JUAN, 19:35
(325) – ROBERT FEUILLET:Introducción a la Biblia: Nuevo Testamento vol.
II, pg.309s. Ed. Herder.
(326) – Biblia de Jerusalén. Introducción a los Evangelios sinópticos,
I. Ed. Desclée. Bilbao
(327) – FRANCISCO VIZMANOS,S.I.:Teología fundamental para seglares,
nº.229. Ed.B.A.C. Madrid.
(328) – JOSÉ MANUEL HERNÁNDEZ:¡Jesucristo existió!.Publicaciones
ACU.Ed.Sal Terrae.Santan.
(329) – FRANCISCO VIZMANOS,S.I.:Teología fundamental para
seglares,nº.439. Ed. B.A.C. Madrid.
(330) – JUAN MANUEL IGARTUA,S.I.:Los Evangelios ante la
Historia.Apéndice,2.Ed.Acervo, Madrid
(331) – Evangelio de SAN MATEO, 11:28
(332) – Biblioteca Nacional, Incunable nº 970
(333) – Carta a los Hebreos, 4:15
(334) – SAN PABLO: Segunda Carta a los Corintios, 5:21
(335) – Hechos de los Apóstoles, 10:38
(336) – JOSÉ CABA, S.I.: El Jesús de los Evangelios , IV, VII, X. Ed.
BAC. Madrid, 1977.
(337) – JUAN MANUEL IGARTUA, S.I.: El Mesías: Jesús de Nazaret, III. Ed.
Mensajero. Bilbao, 1986.
(338) – JOSÉ Mª CIURANA: La verdad del cristianismo, III, B. Ed. Bosch.
Barcelona, 1980.
(339) – Evangelio de SAN JUAN, 8:23.
(340) – Evangelio de SAN JUAN, 17:5; 8:58.
(341) – Evangelio de SAN JUAN, 12:45; 14:9.
(342) – Evangelio de SAN JUAN, 10:30; 5:18.
(343) – Evangelio de SAN JUAN, 20:17.
(344) – SAN PABLO: Carta a los Romanos, 8:14s; 9:4.
(345) – Evangelio de SAN JUAN, 1:14,18; 3:16.
(346) – SAN PABLO: Carta a los Filipenses, 2:6.
(347) – SAN PABLO: Carta a los Filipenses, 2:7.
(348) – Evangelio de SAN JUAN, 20:28.
(349) – SAN PABLO: Carta a los Filipenses, 2:6.
(350) – SAN PABLO: Carta a los Colosenses, 2:9.
(351) – SAN PABLO: Carta a los Romanos, 9:5.
(352) – SAN PABLO: Carta a Tito, 2:13.
(353) – Evangelio de SAN MATEO, 16:16.
(354) – Primera Carta de SAN JUAN, 4:9.
(355) – Primera Carta de SAN JUAN, 5:20.
(356) – SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 15:1-11.
(357) – Evangelio de SAN JUAN, 10:33.
(358) – Evangelio de SAN JUAN, 19:7.
(359) – Conseil Oecumenique des Eglises. Rapport de la Troisieme
Assamblèe, pg.391. Neuchâtel.
(360) – Primera Carta de SAN JUAN, 2:22.
(361) – GREELEY: El mito de Jesús, V. Ed. Cristiandad. Madrid, 1973.
(362) – SAN AGUSTÍN: De agone christiano, 17, 19. MIGNE: Patrología
Latina, 40, 300.
(363) – Evangelio de SAN JUAN, 14:9.
(364) – Evangelio de SAN MATEO, 5:21s.
(365) – JOSÉ L.MARTÍN DESCALZO:Vida y misterio de Jesús de
Nazaret,1º,XVIII,5,K.Ed. Sígueme.
Jorge Loring
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