Escrito por Germán
Mazuelo-Leytón
En vísperas de la
pasada Navidad, una acción satánica pública se ha verificado en Oklahoma con el
objeto de «profanar una imagen de la Santísima Virgen», como denuncia Tradición Familia y
Propiedad. Este sacrílego acto contó con la
correspondiente autorización municipal.
El Padre Gabriel Amorth afirma:
«Cada vez más personas practican el espiritismo o entran en sectas
satánicas, se ha vuelto casi una moda. A veces lo hacen con inconsciencia sin
saber lo que les espera, pero luego se ven obligados a menudo con terror, a
sufrir las consecuencias, porque el Demonio no es una entidad impersonal».
San Ignacio de Loyola, nos dejó un sabroso libro de Ejercicios Espirituales. En una de
sus páginas desea revelar la existencia de Lucifer, Satanás, el Demonio, el
Diablo, que tan rico es en nombres cuanto peligroso en acciones.
Y se imagina San Ignacio a Lucifer arengando a sus demonios, para que
coloquen cadenas y redes en torno a los hombres, a fin de conquistarlos para
sí, tras apartarlos de Dios por el pecado.
Lucifer, revela esencialmente su espíritu y sus principios, en las
palabras que dirige a los demonios que lo rodean y por medio de ellos al mundo
antero.
A tres abismos han de atraer los demonios a los hombres.
Primero al abismo de las
riquezas, a las
ventajas temporales y exteriores, que son el dinero, los bienes, las casas, la
instalación brillante en la sociedad, una cómoda manera de vivir el brillo del
poder.
Segundo el amor al honor, a la estima de los hombres,
al talento, a la habilidad, a las funciones y a las influencias, a las
situaciones prestigiosas, a las dignidades.
Tercero el demonio lleva al
orgullo, a la
conciencia del propio valer, a la suficiencia e independencia, a la libertad
respecto a Dios y de los hombres, a una suerte de su propia divinización.
«El discurso que les dirige, cómo los exhorta a echar redes y cadenas;
de manera que primero deberán tentar de codicia de riquezas, como suele, ser
comúnmente, para que más fácilmente lleguen al vano honor del mundo, y después
a crecida soberbia; de manera que el primer escalón sea de riquezas, el 2º de
honor, y el 3º de soberbia; y de estos tres escalones induce a todos los otros
vicios».1
Es la filosofía especial y única de Satanás, y son las tendencias y
fines que gobiernan el mundo y que se resumen en estas tres complejas
realidades: riqueza, honor, independencia o soberbia.
San Ignacio de Loyola no fue un soñador oculto en una solitaria ermita,
fue soldado en medio de la soldadesca, fue estudiante universitario en la
viciosa París, fue peregrino de toda clase de ambientes, conoció el mundo,
conoció las debilidades de los hombres, y palpó la existencia y la guerra de
los demonios, por eso enseña a reflexionar de la siguiente manera:
«Considerar cómo hace llamamiento de innumerables demonios y cómo los
esparce a los unos en tal ciudad y a los otros en otra, y así por todo el
mundo, no dejando provincias, lugares, estados, ni personas algunas en
particular».2
Ya se ríen algunos sí, y que se rían, al escuchar el nombre de Satanás o
Lucifer, y al descubrir sus taimados procedimientos, para ellos no existe este
misterioso mundo, es que se hallan tan inmersos en sus envenenadas aguas, que
procura el demonio que no se percaten de su propia desgraciada realidad, por
temor a que se le escapen de sus garras.
No, no es el nombre que dan los psicoanalistas al mal abstracto que
existe en la sociedad, sino que es una persona concreta y como dice San Pedro «rugiendo como un león ronda, buscando a quien
tragarse».3
Por desgracia una mala teología ha difundido, aún en la Iglesia Católica
esta abstracta concepción del Demonio, que contrasta abiertamente con la
enseñanza del Evangelio, si aumenta el número de los que practican el
esoterismo o entran en las sectas satánicas, es también porque la Iglesia ha
dejado de enseñar correctamente la doctrina sobre el Demonio, enseñada por la
Escritura y conservada por la Tradición.
Atención, atención al aviso, abra los ojos, y contemple junto a si, en
todo lugar al Demonio el enemigo hambriento como león que ruge, buscando el
momento oportuno para devorarnos.
Germán Mazuelo-Leytón
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