VATICANO, 11 Oct. 15 /
07:02 am (ACI/EWTN Noticias).- Antes del rezo del Ángelus dominical en la Plaza de San Pedro hoy, el
Papa Francisco lanzó un especial reto a los jóvenes a partir de la meditación
del pasaje del Evangelio de Marcos en el que el joven rico se marcha entristecido porque no fue
capaz de dejarlo todo para seguir a Jesús.
En medio de una mañana soleada en Roma luego de un sábado muy lluvioso,
el Papa se dirigió a los jóvenes presentes y con ellos a los de todo el mundo
para lanzarles el siguiente desafío: “yo les pregunto a ustedes, jóvenes,
chicos y chicas, que están en la plaza: ¿han percibido la mirada de Jesús sobre
ustedes? ¿Qué le quieren responder? ¿Prefieren dejar esta plaza con la alegría que nos da Jesús o con la
tristeza en el corazón que la mundanidad nos ofrece?”
Para responder a este reto, dijo el Pontífice, es importante recordar
que “el dinero, el placer, el éxito deslumbran, pero luego desilusionan:
prometen vida, pero causan muerte.
El Señor nos pide el desapego de estas falsas riquezas para entrar en la vida
verdadera, la vida plena, auténtica, luminosa”.
En este pasaje, explicó el Santo Padre, “el joven no se ha dejado conquistar por la mirada de
Jesús y así no ha podido cambiar. Solo
acogiendo con humilde gratitud el amor del Señor nos liberamos de la seducción
de los ídolos y de la ceguera de nuestras ilusiones”.
Francisco refirió luego que el joven rico le pregunta al Maestro por lo
que debe hacer para alcanzar la vida eterna. “La respuesta de Jesús resume los
mandamientos que se refieren al amor al prójimo. En este contexto, ese joven no
tiene nada que reprocharse; pero evidentemente la observancia de los preceptos no le basta, no satisface su
deseo de plenitud”.
Jesús intuye esta realidad en el joven, lo mira con gran amor y lo
desafía a dejarlo todo, “pero el joven tiene el corazón dividido en dos patrones:
Dios y el dinero, y se marcha triste. Esto demuestra que no pueden convivir la fe y el apego a las riquezas.
Así, al final, el impulso inicial del joven se apaga en la infelicidad de un
seguimiento que naufraga”, que no prospera.
El Papa dijo luego que el reto es grande. Sin embargo, “la salvación es
sí misma ‘es imposible para los hombres, ¡pero no para Dios!’”.
“Si nos confiamos al Señor, podemos superar todos los obstáculos que nos
dejan seguirlo en el camino de la fe. Encomendarse al Señor. Él nos dará la fuerza, él nos
dará la salvación, él nos acompaña en el camino”,
afirmó Francisco.
Para concluir el Papa hizo votos para que “la Virgen María nos ayude a
abrir el corazón al amor de Jesús, a la mirada de Jesús, el único que puede saciar nuestra sed de
felicidad”.
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