De la
comunión de los santos forman parte todas las personas que han puesto su
esperanza en Cristo y le pertenecen por el bautismo, hayan muerto ya o vivan
todavía. Puesto que somos un cuerpo en Cristo, vivimos en una comunión que
abarca el cielo y la tierra (CIC 946-962)
La
Iglesia es más grande y está más viva de lo que pensamos. A ella pertenecen los
vivos y los muertos, ya se encuentren en un proceso de purificación o estén en
la gloria de Dios. Conocidos y desconocidos, grandes santos y personas
insignificantes. Nos podemos ayudar mutuamente sin que la muerte lo impida.
Podemos invocar a nuestros santos patronos y a nuestros santos favoritos, pero
también a nuestros parientes difuntos, de quienes pensamos ya están junto con
Dios. Y al contrario, podemos socorrer a nuestros difuntos que se encuentran
aún en proceso de purificación, mediante nuestras oraciones. Todo lo que cada
uno hace o sufre en y para Cristo, beneficia a todos. La conclusión inversa
supone, desgraciadamente, que cada pecado daña la comunión. (Youcat No. 146)
LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS ES UNA
RED DE AYUDA
Los
cristianos forman el cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia. Ella no sólo
se compone de los miembros vivos, sino también de los que ya están gozando de
la gloria de Dios. Es fácil observar que la Iglesia militante, compuesta por
los vivos, también participa de la Iglesia triunfante, compuesta de los que ya
gozan de la gloria de Dios, pues seguimos ciertas tradiciones, doctrinas,
enseñanzas y testimonios que nos han dejado nuestros padres en la fe.
Sin
embargo, la comunicación entre ambas dimensiones de la Iglesia, la militante y
la triunfante, pues existe una verdadera comunicación entre ellas a través de
la oración y la petición de la gracias. Podríamos decir que la comunión de los
santos funciona como un grupo de amigos que se desean el bien. Si creemos en la
vida eterna y en la visión beatífica antes del Juicio Final, entonces creemos
que los cristianos buenos están en la gloria de Dios. Y si están más cerca de
Él que nosotros, entonces tienen acceso a Él de un modo más rápido. Si alguna
vez necesitamos que nos escuche un personaje importante al que no tenemos
acceso directo pero sí nuestros amigos, entonces les pediremos que nos ayuden a
contactar a aquél personaje.
Algo
semejante funciona con la comunión de los santos. Los santos no dejan de ayudar
a sus semejantes incluso después de la muerte. Si necesitamos llegar más cerca
a Cristo a través de sus enseñanzas, podemos abrazarnos a ellos. Si necesitamos
que pidan por nosotros ante Dios, podemos demandar su ayuda.
CREEMOS EN LA COMUNIÓN DE LOS
SANTOS
En el
credo de los apóstoles decimos: Creo en
la comunión de los Santos. Es interesante observar que desde los
primeros tiempos del cristianismo la comunión de los santos es parte importante
de la fe. Como vemos, los primeros cristianos creían que la Iglesia, como
asamblea, no se disolvía aún después de la muerte, pues la gracia de Dios
manifestada en Cristo hacía que los cristianos fueran un cuerpo gracias a
Cristo, la cabeza que organizaba el cuerpo.
El texto
en el que bíblicamente se fundamenta la comunión de los santos es la visión que
tiene Juan en el Apocalipsis: «Después de esto, miré y vi una gran multitud de
todas las naciones, razas, lenguas y pueblos. Estaban en pie delante del trono
y delante del Cordero, y eran tantos que nadie podía contarlos». (Ap 7, 9)
Los
intérpretes han visto aquí a la Iglesia, cuyos miembros han lavado sus pecados
en la sangre del Cordero, Cristo. La Iglesia está unida ante su cabeza, y aunque
en el texto no se diga que hay comunión entre Iglesia militante e Iglesia triunfante
vemos que la Iglesia es una porque es uno su fundador. Por tanto, los que
participan ya de la gloria de Dios y los que aún están vivos participan
semejantemente de la visión de Dios.
Gabriel González
Nares
No hay comentarios:
Publicar un comentario