martes, 11 de junio de 2013

DEL REY DE ESPAÑA QUE FUE PAPA DE ROMA


Andarán Uds. barruntándose quién, y tal vez les facilito la labor si les aclaro que más que propiamente rey, fue regente. En todo caso, me refiero a Adriano de Utrecht, un holandés de nacimiento de esa época en la que todo lo que tocaba en España -y él tocó, ya veremos cómo-, se convertía en oro.

Adrian Florensz, Adriano de Utrecht, nace en la ciudad holandesa que le da el nombre por el que es conocido, el día 2 de marzo de 1459. Hijo de un ebanista, en 1479 ingresa en la Universidad de Lovaina, en la que será profesor de teología y rector. El Emperador Maximiliano de Austria lo elige como preceptor de su nieto Carlos, de seis años de edad, ejerciendo su cometido con eficacia durante diez años. En 1515 es enviado a España a velar por los intereses de Carlos, cuyo hermano Fernando, educado en España, era el candidato mejor emplazado en el ánimo de Fernando el Católico, que lo había educado, para ceñir las coronas hispánicas. Así que una vez convertido en rey de España en buena medida gracias a sus buenos oficios, Carlos I trabajará para impulsar el ascenso de su preceptor en la carrera eclesiástica, primero como obispo de Tortosa en 1516, luego como inquisidor general de la Corona de Aragón y posteriormente de la de Castilla, y hasta como componente del colegio cardenalicio.

Cuando ha de abandonar España en 1520 para hacerse cargo del Imperio, el ya Emperador Carlos V le confía entonces a su fiel Adriano la regencia de nuestro país, encumbrado a la cúspide de las potencias europeas, vale decir del mundo, un cargo en el que, por cierto, ya se había familiarizado junto al Cardenal Cisneros en la breve regencia que éste ejerce entre la muerte del Rey Católico y la llegada de Carlos a España. Adriano habrá de afrontar las dos grandes rebeliones españolas contra el Emperador flamenco: las Comunidades castellanas, y las Germanías levantinas.

El 9 de enero de 1522, a la muerte de León X, y en buena medida gracias al respaldo de su poderosísimo pupilo Carlos, Adriano es elegido papa. Recibe la noticia en la Casa del Cordón, en Vitoria, donde se halla preparando la defensa navarra frente a la inminente invasión francesa. Aceptada la alta magistratura, se embarca para Roma, donde es coronado el 31 de agosto.

Una vez en la ciudad de San Pedro, muchos son los problemas que le esperan: para empezar una ciudad anegada por la peste, la cual además, se cobra la vida de su gran amigo y colaborador, el cardenal suizo Schiner, lo que no es óbice para que rehúse en todo momento abandonar la ciudad. En segundo lugar, la penosísima situación financiera del papado. En tercer lugar, la alianza contra el Turco, que había conquistado la ciudad de Belgrado y la isla de Rodas y amenazaba la mismísima Viena. En cuarto lugar, las guerras entre Carlos V y el francés Francisco I, en las que se mostrará bastante más imparcial de lo que habría cabido esperar. En quinto lugar, el avance de la doctrina de Lutero. Y en sexto lugar, la reforma de la curia. Cuestiones todas las cuales aborda, si bien se verán interrumpidas por su temprana muerte, acaecida el 14 de septiembre de 1523, cuando apenas había reinado un año, ocho meses y cinco días.

Sepultado en un suntuoso mausoleo diseñado por Badassare Peruzzi en la iglesia romana de Santa Maria dell’Anima, reza sobre su sepulcro el siguiente epitafio: “¡Cuánto depende del tiempo en que cae la acción aun del mejor hombre!”.

Amigo de Erasmo y de carácter sobrio y adusto sobradamente acreditado ya en España, el cual, por cierto, chocó abiertamente con la pompa y boato reinantes en Roma, Adriano VI será conocido como “el Pontífice bárbaro”.

Deja escritos un “Comentario al cuarto libro de las Sentencias” y doce “Quodlibeta” que lo adscriben a un cierto escolasticismo tardío. Canoniza a San Antonino de Florencia.

En la persona de Adriano de Utrecht, regente de España y papa de Roma, se concitan muchas de esas singularidades que tanto gustan a los periodistas: había sido, hasta la elección de Juan Pablo II en 1978, el último pontífice no italiano, de la misma manera que continúa siendo el último papa no presente en el cónclave que lo eligiera. Es probablemente, el único regente de un reino no italiano que llega al papado. Y es el único papa moderno, junto a Marcelo II, que decide reinar con su propio nombre de pila.

Luis Antequera

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