Hablo mucho en este blog del III
Reich, no debe extrañaros. Para mí la II Guerra Mundial tuvo un sentido
teológico. Fue la guerra entre el Bien y el Mal. La Alemania de Hitler fue uno
de los ejemplos más consumados de malignización de una sociedad. Durante toda
la historia de la humanidad reflexionaremos una y otra vez sobre esos hechos.
Pero lo cierto es que no aprendemos.
Seguimos ahora por el camino del mal. Seguimos apartándonos del camino de la
Sagrada Escritura. Creemos que la Alemania Nazi apareció por simples razones
económicas y sociales, sin darnos cuenta de que esencialmente fue el resultado
de un colapso moral.
Si Occidente sigue bajando más y más
peldaños en su perversión, aparecerán nuevos dictadores, nuevos tipos de
dictaduras. Las antiguas dictaduras bajo nuevos ropajes. Los errores del pasado
los veremos florecer en el futuro. Perderemos la democracia, perderemos
nuestros derechos.
Esta foto me gusta mucho, porque es todo un símbolo, toda una expresión de
lo que sucedía en esa época. En el centro el símbolo del anticristo, el
anticristo de ese momento, de esa generación. Todos adorando a un nuevo ídolo.
Todos felices avanzando con canciones hacia la destrucción.
Padre
Fortea
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